Los ritos y los amuletos de los deportistas ¡funcionan!

El ritual de Rafa Nadal en los descansos es conocido por todos: salir de pista con el pie derecho sobre las líneas, dejar pasar a su rival y, por último, ordenar las botellas de agua muy concienzudamente. Sus manías también se extienden al momento previo de un servicio, cuando lo que hace es botar la pelota, tocarse el hombro izquierdo y derecho, tras lo que llega el turno para ambos lados de la cara y la nariz.
 
El tenista español no es el único deportista con manías que más bien parecen supersticiones. La yudoca Kayla Harrison, medallista de oro en los Juegos Olímpicos, siempre lleva en sus actuaciones unos calcetines de la suerte que le regaló su abuela. Y Alex Danson, jugadora inglesa de hockey, gira su palo 15 veces antes de cada juego.
 
En los Juegos Olímpicos hemos podido ver muchos de las supersticiones de los jugadores. Aunque a primera vista puedan resultar inútiles, además de un poco paranoicas, los psicólogos aseguran que los amuletos tienen la capacidad de ayudar realmente a los deportistas.
 
Este poder reside nada menos que en el famoso efecto placebo, término médico que se aplica cuando los síntomas de un paciente mejoran al tomar una sustancia similar a un medicamento pero que en realidad es totalmente inocua.
 
“En muchos de estos deportes, hay algo de espera antes de actuar y a menudo no hay nada que puedan hacer para prepararse o practicar durante ese tiempo. Los rituales son una forma de protegerse de la ansiedad y de crearse un mantra para concentrarse antes de la actuación”, explica Stuart Vyse, psicólogo y autor de ‘Believing in Magic: The Psychology of Superstition’.
 
Todas estas creencias pueden provocar la ilusión de que se tiene el control o aumentar el estado de ánimo. Cuando un segundo o un movimiento en falso puede quitar u otorgar la victoria en alta competición, estos pequeños trucos pueden llegar a ser muy relevantes.
 
Quizás José Roberto Guimarães, seleccionador del equipo de voleibol femenino brasileño, no está por lo tanto equivocado al afirmar que el oro que consiguió su equipo masculino en 1992 en Barcelona se debió a que, antes del partido, le tocara la joroba a un camarero. Veinte años después, el brasileño sigue pensando que los jorobados dan buena suerte. De hecho, también afirma que la victoria del equipo femenino en los juegos de Londres de 2012 se consiguió gracias a que él mismo se topara sin querer con un voluntario jorobado antes del encuentro.
 
Lo cierto es que estos trucos de buena suerte sí pueden marcar una diferencia en la actuación de los jugadores, según un estudio alemán realizado por la Universidad de Colonia. Los investigadores aseguran que las supersticiones siguen un mecanismo psicológico que conduce a beneficios en la mente de las personas. Frases hechas como “buena suerte” o pequeños actos como cruzar los dedos influyen en la destreza motora y la memoria.
 
Los beneficios se producen porque mejora la percepción de la eficacia que puede alcanzar uno mismo. “La activación de una superstición aumenta la confianza de los participantes en el dominio de las tareas que están por venir, lo que a su vez mejora el rendimiento”, concluye el estudio.
 
Así lo explicaba Rafa Nadal: “Son cosas estúpidas que hacemos los jugadores… Jugamos un montón de partidos durante la temporada, sentimos presión y buscamos rutinas que nos hagan sentir más cómodos”.
 
Las rarezas de los deportistas de élite
La ropa es centro de muchas de las supersticiones. La estadounidense Morghan King, levantadora de pesas, afirma que se pone las mismas bragas y calcetines desde que comenzó a participar en las competiciones.
 
Pero las manías van más allá de elegir una prenda favorita como ropa interior. El jinete japonés, Yoshiaki Oiwa, echa sal en la zona de salida antes comenzar la actuación con su caballo, que tampoco se libra de recibir un poco de sal.
 
Entre las anécdotas de las Juegos Olímpicos de Atenas de 2004 quedará para el recuerdo el osito de peluche de las mujeres alemanas del equipo de remo. Lo llevaron a sus ejercicios porque aseguraban que les traía buena suerte. Maurren Maggi, atleta brasilera, también confiaba su fortuna a un peluche que le acompañó guardado en la mochila durante todos los juegos de Pekín en 2008.
 
Más rebuscado parece el gesto que el nadador Santo Condorelli realiza antes de cada chapuzón. El deportista se asegura de mostrar el dedo corazón a su padre, previamente al salto. O la insistencia de la atleta británica Jessica Ennis de utilizar una cinta métrica para alinear la salida de la carrera.
 
Cuanto menos, los rituales sirven mantener la concentración. Aunque está claro que no se trata de extraer una explicación racional ni tampoco de hablar de magia, los expertos coinciden en el poder de los pequeños gestos para ‘engañar’ a la mente.

Solo usuarios registrados pueden comentar.

BIGTheme.net • Free Website Templates - Downlaod Full Themes