Según la tradición, ¿donde se ubican las puertas al infierno?

 
El catolicismo ha concebido siempre el infierno como un lugar subterráneo, con fuego y en el que reinaba el sufrimiento. Por eso no es de extrañar que para la tradición católica las supuestas puertas al infierno se encuentren bajo tierra. Pero ellos no son los únicos en hablar de esas entradas; Los hebreos, los griegos o los mayas también las mencionan. 
 
Romanos y Griegos pensaron que una entrada se encontraba en los Campos Flegeos, una zona volcánica situada a 9 km. de la ciudad de Nápoles. En esta zona existe un lago formado en el cráter de un volcán llamado Averno. Fue el poeta Virgilio el que lo llamó así por su aspecto tenebroso y situó en él la boca del inframundo. Otra posible puerta la situaban en Hierápolis, hoy Pamukkale, en Turquía. 
 
Arqueólogos italianos encontraron en 2013 una cueva llena de dibujos rituales muy semejante a la que Estrabón describe como una de las puertas al infierno que desprendía vapores malignos. Actualmente se halla cerrada al público ya que el vapor que sale de las profundidades de la cueva es altamente tóxico. 
 
 
Los hebreos creían que la puerta estaba en el Valle de Hinnom. Era la entrada al submundo donde las almas malvadas eran castigadas, por períodos variables, según su grado de maldad. Hinnom se traduce a veces como infierno. Para los musulmanes este valle también es sinónimo de averno ya que sobre él pasa el puente que deben cruzar las almas camino del paraíso. Si éstas no han cumplido los preceptos caerán del puente al lago de fuego. 
 
Otra de las puertas al infierno tradicionales se halla en Nicaragua, en el volcán Masaya. Allí desde el siglo XVI existe una cruz que impide la salida de los demonios y protege a los humanos de esa entrada al inframundo. Se la conoce como la cruz de Bobadilla, nombre del clérigo que la instaló tras descender por la ladera del volcán atado a una cuerda. Lo que vio en su bajada lo hizo afirmar que esa era realmente la boca del infierno. 
 
En Japón el Monte Osoro con su penetrante olor a azufre, agua amarillenta y burbujeante y gran actividad volcánica es otra boca al infierno. Según las leyendas japonesas, en ella se detienen las almas antes de ingresar en el inframundo. 
 
 
En Islandia el volcán Hekla es conocido desde la Edad Media como una de las puertas al infierno. En 1104, tras una violenta erupción, unos monjes cistercienses propagaron la idea de que allí había una entrada. En la literatura nórdica hay muchas menciones a este lugar e incluso se lo cita como la prisión de Judas. 
 
 

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