Charles Chaplin, el rostro del cine mudo

 
Pregúntenle a cualquiera qué es lo primero que piensa cuando se menciona el cine mudo, y es casi seguro que la respuesta sea Charles Chaplin.
 
Director, actor y productor, esta estrella del cine norteamericano tuvo sus orígenes en Londres. Nació en la era victoriana, hijo de una cantante separada de su marido alcohólico. Charles y su hermano se criaron en la pobreza. Cuando tenía nueve años, su madre fue internada en un hospital psiquiátrico, y Charles tuvo que trabajar para mantenerse. Desde luego, su trabajo ideal era en el escenario.
 
Empezó en una compañía de danza y luego se trasladó al teatro, rubro en el cual fue empleado por el comediante Fred Karno, precursor de las piezas teatrales sin diálogos.
 
Cuando tenía 20, la compañía de Karno realizó un tour en París y luego en Estados Unidos. Fue allí donde Chaplin fue invitado a participar en películas, cosa que aceptó pensando que sería un cambio de vida.
 
La mayor contribución de Charles Chaplin al cine vino con su personaje Charlot, un vagabundo torpe e ingenuo, con buen corazón y sueños de riqueza, que debutó en el cortometraje Carreras de Autos para Niños (1914)
 

 
En 1919, junto al director D. W. Griffith, fundó el estudio United Artists, lo que le otorgó control absoluto sobre sus películas. Con su propio estudio, realizó El Chico (1921), Una Mujer de París (1923), La Quimera del Oro (1925), El Circo (1928), Luces de la Ciudad (1931), Tiempos Modernos (1936), El Gran Dictador (1940) y Monseiur Verdoux (1947)
 
Un tema común en estas películas es la perseverancia, y el mensaje recurrente de que, sin importar lo mal que estén las cosas, mañana será otro día.
 
Su obra se fue volviendo cada vez más política, con directos ataques al capitalismo, por lo que fue acusado de comunista. En 1952, tras un viaje a su país natal, Inglaterra, el FBI rechazó su admisión a los Estados Unidos sin antes someterse a una interrogación acerca de su opinión política. Chaplin ni siquiera se esforzó en volver y se mudó a Suiza.
 
En 1977, con 88 años de edad, Charles Chaplin falleció mientras dormía. Su historia puede parecer trágica, pero él logro transmitirla con autenticidad y emoción en algunas de las mejores comedias en la historia del cine.
 

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