Katzenklavier, un piano hecho de gatos

 
Imagina una hilera de ocho gatos específicamente empotrados en jaulas individuales, adjuntas a un teclado. Sus colas están sujetas y estiradas. Cada vez que se presiona una tecla, un mecanismo acciona un clavo situado bajo la cola del gato.
 
La Nature 1883
 
De esta forma, cuando el tecladista reproduce música los gatos, que se ordenan según las notas de sus maullidos, en conjunto y con dolor crean una harmonía musical. Básicamente de esta forma se concibió al katzenklavier (afortunadamente se quedó en el pasado y como un mero concepto), que formaría parte de un área musical e instrumental muy distinta a lo convencional: Los fictophones. Esta música imaginara nació de las ideas locas de los hombres que creían ser capaces de crear música a partir de dispositivos imaginarios, que en su gran mayoría rayaban en lo absurdo e incluían animales.
 
Para fortuna de todos, la gran mayoría de estas creaciones terminaron como fracasos colosales, pues los sonidos resultaban nada harmónicos y muy perturbadores, y quizá el peor de todos haya sido el del piano-gato, en el que los animales eran confinados a un clavicordio (un instrumento semejante al piano, pero con un sonido más suave y bajo)
 
 
Esta moda de los “fictofonos” tuvo sus inicios aproximadamente en el año de 1550, pero el katzenklavier se popularizó alrededor del 1655, a pesar de que solo fue un instrumento imaginario (según consta en los registros, jamás llegó a construirse), alcanzó grandes proporciones y varias imágenes y pinturas fueron dedicadas especialmente a estas mascotas musicales.
 
Las leyendas sobre este cacharro son tantas, que entre todas una en especial resulta destacable: Esta dice que un príncipe italiano fue curado de sus males al escuchar el sonido tan peculiar que provocaban los maullidos de los gatos.
 
 
El médico Johan Christian Reil llegó a escribir un libro sobre la sanación que proporcionaba el piano a base de gatos titulado Rhapsodieen über die Anwendung der psychischen Curmethode auf Geisteszerrüttungen (1803), y creía ciegamente en los efectos medicinales que el katzenklavier ofrecía. Pero después de algunos años la creación se prohibió, pues lograron demostrar que los gatos sufrían crueldad y el sonido proveniente del aparato jamás sería harmónico, por lo que el katzenklavier quedó en el olvido y hoy solo se sabe de él por documentos e imágenes almacenadas en museos.

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